Ceremonia 2015: reseña a 4 voces

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Por Rafael Paz, Arqueles Estrada, Mónica Sorroza y Ricardo Pineda

Asistir a un festival de música (de cine también aplica) es como decidir desayunar en un buffet. La oferta de platillos disponibles abruma, y para no arruinarte el día quizá debas evitar mezclar la pasta con el puré de papa o esa salsa de habanero con morita y costilla de puerco. El Festival Ceremonia es un buffet que quizás esté a un par de años de terminar de encontrar su público y un line-up completamente ideal. Como el joven evento que es, está en construcción.

La edición del pasado fin de semana invitaba a experimentar y abrir los oídos a nuevas propuestas. Sí, la mayoría del público hizo el viaje hasta Toluca porque quería ver a Snoop Dogg y el californiano les cumplió rescantado algunas de sus rimas más conocidas –lo de La Bamba era innecesario porque ya tenía al público en la bolsa, pero cada quien–, demostrando lo macizo que prende el hip hop en estas tierras, por si no había quedado claro con la energética presentación de Tyler, The Creator el año pasado.

Fue un día intenso y largo. Pienso que los highlights fueron la confirmación del Fuete Billete como el combo con más flow de Puerto Rico –su nuevo trabajo, Buena Vida pinta para ser uno de los must de 2015–; la colombiana Kali Uchis está a un par de años de ser la próxima gran estrella del pop, esos toques de Selena cruzados con Amy Winehouse lo garantizan; el bajo a la Marvin Gaye y el funk de Jungle fue una de las grandes sorpresas; ZutZut recetó el beat más atascado del día en el escenario más pequeño del lugar. Del otro lado, Chet Faker llegó con altas expectativas y su set list de corte íntimo sacó a más de uno de onda.

Quizá los negritos en el arroz sean esa impertinente lluvia –que volvió a atacar aun cuando el festival cambió su fecha–, Los Wookies sonando idéntico en “vivo” que cuando el mal clima afectó su presentación sobre el escenario, o el remake de los Tres Chiflados que se vivió cuando los miles de asistentes intentaron salir del lodoso estacionamiento.

La experiencia fue coral. ¿Para ustedes cuáles los puntos altos de la jornada?

Ricardo:

Que no tengas que caminar mucho y que al hacerlo existan más aciertos que errores, hacen que todo lo demás valga la pena: el frío, aguantar borrachos, la salida, el lodo, la lluvia… Este fue uno de esos pocos años en los que por lo menos algo me gustó de cada número, aunque no soy gran entusiasta de Chet Faker y de The Horrors, ni de que medio Boiler Room cierre un festival. Volvería sin duda por cosas que para mí se llevaron el sábado: Snoop como un showman de colmillazo, la sorpresa de Jungle y sí, ZutZut marraneando a la pandilla bailosa.

Mónica:

Después de una agotadora noche de trabajo, llegar a ver a Snoop Dog -que subiría al escenario pasadita la media noche- me parecía inalcanzable. Sin embargo, un soleado día nos recibió en Toluca augurando buenas notas. Y, ciertamente el flow de Füete Billete y sorpresas frescas como Kali Uchis hicieron que el Festival Ceremonia arrancara de bien a mejor, sobre todo porque a esa hora aún era muy fácil llegar al frente del escenario o, por lo menos, tener un buen lugar desde donde ver y escuchar el show. Aunque la lluvia nos espantó por un momento con un flash back del Corona Capital, no tardó en irse y despejarle el escenario a Melody’s Echo Chamber, una de las mejores bandas que hicieron reventar nuestros sentidos a una hora adecuada. A pesar de dudarlo, soportar el cansancio para ver en escena a Snoop Doog : seguro, fluido, multifacético: actorazo. Fue de los mejores momentos del Ceremonia y el cierre que tanto valió la pena esperar.

Arqueles:

Ceremonia todavía tiene un sabor a intimidad, a diferencia de otros festivales que conforman un circuito con mayor convocatoria y line-ups millonarios. El ambiente en el evento se siente muy ameno, relajado, con gente de distintas regiones del país reuniéndose para bailar con el groove de Jungle, a cantar melósamente junto a Kali Uchis, a ver los últimos rayos de sol mientras Melody’s Echo Chamber sonoriza el área periférica de Toluca. Todos quieren ver a Snoop Dogg, y su presentación no decepciona a nadie -más que a uno que otro gansta prefabricado-.

La comida fue un plus; en todos los grandes eventos sólo puedes comer algo envuelto en un cartón, las raciones son pequeñas e insípidas. Acá en Ceremonia se lucieron con Food Trucks para todos los gustos culinarios.

¿Alguna decepción?

Mónica:

En lo personal escuchar el set que el cantante australiano Chet Faker tenía preparado era uno de mis objetivos, sin embargo, a la hora de su presentación no fue el máximo acierto y debo decir que lo disfruté más en mi reproductor de audio que en el concierto. Afortunadamente fue un espacio que Jungle aprovechó para ofrecer beats prendidos y justos, que animaron muchísimo el ambiente en el Ceremonia. Por último, el retraso en el escenario principal hizo que el show de The Horrors fuera más sufrido que gozado. En general creo que hubo pocos desatinos en el ritmo del festival, los cuales se libraron excelentemente por la calidad de los músicos que se presentaron.

Arqueles:

Chet Faker: El bajo volumen de la voz, la mala ecualización del escenario principal, las inclusiones esporádicas de sus músicos de apoyo, un setlist tedioso, el ambiente entre el público, el frío… Esperaba más por el abanderado australiano.

The Horrors me trajo buenos recuerdos, pero no dejó de ser una banda que quiere sonar novedosa y sigue sin romper ciertos límites que sus predecesores crearon; no se justifican las canciones de 20 minutos con un show que te vuele la cabeza. Muy buen sonido, pero falta de emoción en el acto.

Ricardo:

Pues que el tema branding le gana a lo que importa en un festival: la música. Sin embargo esto no es privativo de Ceremonia, los patrocinadores suelen ayudar a financiar las cosas, sin embargo se extraña aquel tiempo en el que ibas a un festival a escuchar música y ver una banda en vivo y no a afeitarte o participar en una dinámica por ganarte algo. Ezquiel con ZutZut no me gustó nada, bajoneaba el gran set de ZutZut. Tampoco me prendieron Los Nastys, lo que a mi ver fue lo más desgarbado de la curaduría del festival.

Ceremonia nos parece un festival de nicho (la distancia, el precio) aunque tiene potencial para seguir creciendo. ¿Lo ven compitiendo con los dos grandes de la zona metropolitana (Corona, Vive Latino)?

Arqueles:

No lo creo, pero es probable que en poco tiempo aspire a ese nivel de organización y de convocatoria. Será interesante ver a dónde se llevaría el festival en caso de que crezca, y qué tipo de bandas serán invitadas. Cada año hay buenas selecciones en el cartel de Ceremonia, y esto le distingue de las extrañas alineaciones que a veces ofrece la competencia. Si es que pretende colocarse a la par de festivales tan grandes, lo más importante será que no pierdan la identidad, que sigan manteniendo un perfil distintivo en su organización, sus carteles, su food area, sus patrocinadores, etc. La chamba que implica armar un festival para cientos de miles probablemente tendría que trasladarse a la Ciudad de México, abandonando su sede regular actual, y ahí podemos especular que para ese momento lo que importará será el dinero y no el espíritu original del festival.

Ricardo:

Creo que a lo lejos se intenta que la tirada sea justo no ser otro Corona o Vive. Sin embargo, la realidad nos enseña que el público es básicamente el mismo. Si la curaduría musical mantendrá a flote un boleto que no se dispare mucho o que no tenga ediciones irregulares, seguro puede plantarles frente. Sin embargo, la alianza con Ocesa ha permitido tener una edición más sólida este año, desde ese punto difícilmente se competirá, más bien se ampliará el espectro y eso está bien en términos de oferta.

Mónica:

Ojalá que no. Por que eso implicaría un costo más alto, cambio de sede y -en una visión muy catastrófica- su ampliación en dos o tres días, lo cual me parece una de las peores exigencias para los asistentes por parte de los festivales mencionados. Creo que realizarlo fuera de la ciudad tiene beneficios como los que vimos en el Ceremonia: trayectos cortos entre escenarios, menos aglomeraciones, servicios más eficientes… pero también limitaciones. En fin, es una cosa por otra y, en mi opinión, se debe apostar más por la calidad que por la cantidad; aunque obviamente esa visión no sea la más rentable, el público lo agradece y puede hacerse de fieles seguidores.


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