LEE RANALDO RESISTE DESDE SU BASTIÓN SONORO

Posted By: Mónica Sorroza Hernández On:


Por @lecharre
Foto: Casa del Lago Juan José Arreola UNAM

El músico estadounidense exploró los límites de la intervención sonora, inmerso en atmósferas shoegaze bien logradas.

Dos amplificadores de bulbo en calentamiento previo; cada uno con su respectivo pedal de volumen. Al centro, 7 pedales análogos, al pie de un atril de micrófono, aguardaban bajo una luz tenue de una nublada tarde citadina. Eran alrededor de las 19:20 h, y todo estaba listo en el Foro al aire libre de la Casa del Lago. La audiencia comenzaba a mostrarse inquieta. De repente, se escucha un ataque con espiga a las cuerdas de una guitarra eléctrica distorsionada. La reverberación no se hizo esperar. Poco a poco, esos bulbos, crearon un aura sonoro por el cual ingresaría Lee Ranaldo al escenario. Colgada al hombro, una guitarra eléctrica negra con trémulo y calcas fosforescentes. Puño al aire. Un par de vueltas al escenario. Se detiene al centro. Toma un racimo de campanas que destacan brillantemente en medio de la atascada atmosfera. Fue entonces que empezó a llover. El Bosque de Chapultepec lloraba. El ritual sónico, había iniciado.


Tras unos minutos de improvisación, a manera de intro, Ranaldo entonaba sus primeras frases de la tarde “…I was filming against the light…When the landscape drop down and we fall into the
crack…” dando pie a Moroccan Mountains. Tema particularmente melódico. Continuó, dominando las ondas (cual surfer a las olas del mar) con un rostro serio, concentrado y con mucho goce al contemplar su creación y el evidente efecto en el público.

A quienes no habían asistido previamente a un concierto de arte sonoro abstracto, música contemporánea o intervención sonora, quizá, les resultó difícil conectar con lo que estaba sucediendo en el escenario pues, a simple vista, es puro ruido. Sin embargo, cabe mencionar que, a diferencia de otro tipo de espectáculos similares, Lee Ranaldo, presentó una propuesta bien estructurada e impecablemente ejecutada. Desarrollando un set list contrastante entre liricas intermitentemente melodiosas, resoluciones menores y un performance visceral basado en el Noise y el Shoegaze.

Olor a tierra mojada. El artista domaba el instrumento con un arco de violín, creando tensiones armónicas mezcladas con feedbacks. Desafinando y afinando las cuerdas. Descifrando las frecuencias necesarias para llegar a las irritantes emociones a través de planeadas disonancias y terapéuticos Impulsos estridentes. “…This is the best time in my life, the time of the open skies…”
se escuchaba en el P.A. Era tiempo de The Rising Tide. Sin duda, uno de los momentos emblemáticos de la velada fue cuando colgó su guitarra con una soga, empujándola como un péndulo mientras la percutía con unas baquetas, que después clavaría en el cuerpo de esta, cual torero sonoro dando una estocada. Atacando las cuerdas repetidamente con las manos y un celular; a manera de palmadas y slides.


Fue el turno de Thrown Over the Wall , su tema de resistencia, el más esperado por quien suscribe. “Disguise our faces with names…We use the night to come seal our dreams” Al terminar este tema inició lo que sería su última improvisación de la noche. La ropa de quienes estábamos al frente vibraba. Hormigueo en el pecho. Una borrosa nube entremezclada de distorsiones, sonidos, efectos análogos y una audiencia enardecida en una catarsis digna tan solo de un heredero directo del legado de Sonic Youth.

En medio del estimulante caos, Ranaldo se detiene en el centro del escenario con las manos hacia atrás, no sin antes darle un gran impulso a su guitarra (colgada nuevamente como péndulo).
Mientras el instrumento giraba y giraba en círculos concéntricos cada vez más pequeños alrededor de Lee, la luz se volvía cada vez más tenue. Y con el puño al aire, y una sonrisa de cómplice, se
despidió de la audiencia que incluso le aventó rosas. Indiscutiblemente un final poético con un toque de misticismo.

La presentación, que duró aproximadamente una hora, dejó muy claro que la obra de Lee Ranaldo no se trata de realizar ruidos al azar sino de propiciar y controlar técnicamente el resultado
especifico esperado con el objetivo de provocar en el espectador una reacción. Cual alquimista del sonido que resiste desde su bastión.

 


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